martes

Suyo, mío, nuestro

Diana había adquirido el irreflexivo y placentero hábito de comprarse un tanga nuevo el último viernes de cada mes. Solía ir a woman secret y allí, con o sin criterio, cogía uno de los que hay en la percha de probadores, uno de esos que alguien deposita por ahí con previa pero fracasada intención de compra.
Lisos, rojos, negros, más anchos, con puntilla, de licra, de algodón, de lunares, estampados... Le daba prácticamente igual. Demasiados tangas en su cajón y una dilatada tradición habían hecho que apenas supiese cuáles le gustaban más que otros; incluso a veces pensaba que mejor así, mejor saciar ese impulso mensual de fashionvictivismo sin demasiado juicio...

Eran las seis de la tarde y Diana había salido ya de trabajar. Era viernes 27 y había que comprar... Se fue al centro y entró en el establecimiento recorriendo la tienda, como siempre, pasito a pasito. Pero aquel vigesimoséptimo día, estando en uno de los rincones de la tienda, de repente notó cómo una mano rolliza y pequeña agarraba la suya. Se giró y vio a un niño de unos dos años y medio alzando la vista con rostro melancólico y ojos vidriosos. Un niño bien vestido (incluso con un toque de colonia de Nenuco colocado a última hora en su flequillito), un niño que, moviendo el labio inferior delatando sus inminentes ganas de llorar, tragó saliva y susurró con lengua de trapo: Mi mamá me ha dicho que tú me cuidarás y que contigo seré más feliz.

El vídrio acartonado de los ojos del pequeño se mudaron, como por arte de magia, a la córnea de Diana. Se agachó a su misma altura y le preguntó que quién era su madre, que dónde estaba su padre y sobre todo, que cómo se llamaba. De todas esas preguntas el niño sólo acertó a balbucear un entrecortado Rooooberrrrto...


(CONTINUARÁ)

domingo

Nuevo rumbo profesional

Hola chicos!
Año nuevo vida nueva, ¿no? Eso dicen...

Sin querer o queriendo me veo obligada a comulgar con esta afirmación, sólo que... ¿por y para qué esperar a 2009? Mañana me cambio de trabajo, me han hecho una oferta y bueno, mi vida da un nuevo (o no tan nuevo) giro profesional. Como muchos ya sabeis llevaba un tiempecito colaborando con esta revista pero el otro día sonó mi teléfono y no pude rechazar la oferta...

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PD: Perdón por este tiempo de ausencia, prometo recompensaciones literarias... Un beso.

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Fotos, vídeo y creación: © Ana Himes
Canción: Sumer time, del álbum These are the facts advance, grupo Milburn

jueves

Si pudiésemos habitar en un relámpago

Si pudiésemos habitar en un relámpago,
simplemente posarnos en su interior
durante un breve lapso de tiempo,
creo que a muchos se nos quitarían las ganas
e incluso las ansias
de quejarnos, de compadecernos de nosotros mismos un día sí
y otro también.
La potencia de lo desconocido
la grandeza de lo infinito
un viaje imprevisible atiborrado de vayvenes magentas
y luces momentáneamente cegadoras
que llenarían mi cerebro de oxígeno
que llenarían tu cerebro de agua oxigenada.

Coge ticket y pide turno.

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Foto: © Ana Himes

sábado

Raíces cuadradas

"Chicos, hoy vamos a aprender a hacer raíces cuadradas"
Qué día aquel, ¿verdad?
Y sí, lo aprendiste, aprendimos durante unos cuantos días a resolver con ilusión aquella operación matemática.
Ni recuerdo cómo se hacen ni la he vuelto a utilizar...
Pues eso, que ahí no están mal, siendo y habitando como raíces, hundidas en el olvido de mi memoria a largo plazo.

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Ilustración: © Ana Himes

domingo

¡¡¡ANIVERSARIO DEL BLOG!!!

Había escrito un texto bastante largo haciendo un minibalance o flashback del primer año que ha pasado desde que inauguré este ya no tan pequeño espacio. Pero al final he decidido sistituirlo por un sincero:

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De verdad, Muchas Gracias por vuestra paciencia, por vuestro aliento, vuestros e-mails, vuestra cálida compañía y vuestro feedback continuo. Poco a poco este De la razón y la sinrazón ha ido convirtiéndose en un rincón mágico de evasión, un punto de fuga, una ausencia completa al miedo a esa página en blanco casi semanal, un no miedo a la libertad de expresión y a la expresión en sí misma.

Y bueno... no quiero despedirme sin chivaros una cosita: estoy editando un libro con muchos de estos relatos y algún otro inédito... Un libro recopilatorio hecho con muchísimo cariño y que, por supuesto, podrá adquirir quien quiera.


Nos leemos en breve chicos. Que tengáis un buen día, Mil gracias y un besito!

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Fotos, vídeo y creación: © Ana Himes

martes

Paradojas evolutivas

En medio de un silencio sordo, espeso e intencionado, vi cómo la araña cayó desplomada haciendo pequeños surcos en el cargado aire, zozobrando como los chavales un sábado noche.

Los centímetros que la acercaban al temido suelo eran inversamente proporcionales a los que la separaban de su hogar, SUYO con mayúsculas, sin hipoteca pero hecho con el sudor de su cuerpo entero. Traicioneros metros que la distanciaban igualmente de su criatura de escasos cuatro meses.

Nunca he sido muy amiga de los arácnidos, más bien todo lo contrario, pero en aquel momento, contemplando esa triste escena, no pude evitarlo. Cogí la silla del salón, arranqué una hoja de mi libreta y me alcé cual heroina para evitar aquella dolorosa separación generacional. Mamá araña, nerviosa y desconcertada, se esforzaba por echar marcha atrás pero la fuerza de la gravedad era demasiado poderosa. Sin embargo ahí estaba yo, para ayudar a ese octópodo negro. Subida en la silla y descalza estiré el codo derecho y acerqué el folio hacia la desamparada madre. Conseguí que se apoyara en el papel y de puntillas estiré el antebrazo todo lo que pude, recordando y simulando aquellas escenas del Inspector Gachet.

Con mi extremidad estirada al máximo hice un último esfuerzo como el que haces de pequeño cuando tu globo de helio acaba de escapársete; y al final logré alzar el folio hasta la esquinita del cuarto. Madre e hijo se juntaron de nuevo, madre e hijo se abrazaron. Hijo y Madre naturaleza...

Un pitido ensordecedor salió en aquel momento del salón. Bajé de la silla deprisa, demasiado deprisa y a punto estuve de estamparme en el suelo de manera simétrica a como lo estaba la araña en el techo. Fui al salón. La tele escupía una grotesca imagen: la del primer plano de una chica joven, muy joven, pariendo. La escena se había quedado congelada y se podía contemplar con toda clase de detalles el momento del alumbramiento. De fondo se oyó un "No, esta imagen no es, por favor Roberto, qué coño haces!"
Salió, ahora sí, el presentador, con su corbata de rigor y su pecho a punto de salísele de la encorsetada camisa. Disculpen, son cosas del directo. Ahora sí, pasamos a la sección de sucesos. Otra muerte violenta más, ya son 129 en lo que va de año. En esta ocasión, un padre ha matado a su mujer y a su hijo y después se ha entregado a la policía. Ha ocurrido en la localidad Pan y Agua de Córdoba.

Cera en los oídos y agotamiento de las trompas de eustaquio.

En aquel momento sentí un horrible escalofrío. Hacía dos minutos escasos, había vivido cómo una madre luchaba contra viento y marea, contra sí misma y contra la gravedad para no separarse de su hijo. Animales, Instinto, Natural... y ahora contemplaba cómo la vida, la educación o yo qué sé qué eran capaces de generar sentimientos tan fuertes como el odio descendiente.

Paradojas de la vida, vida parodiada. Hipo e hipersensibilación...
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Foto: © Ana Himes

jueves

Sociedad atributada

Sociedad del bienestar mal o bien entendido
Sociedad del derroche
Sociedad de la inconsciencia involuntaria
Sociedad del cortoplacismo hedonista
Sociedad de las huchas rotas
Sociedad de la introspección y el anonimato
Sociedad desempatizada
Sociedad de tramposos adinerados
de jugadores acordonados por las muñecas
Sociedad de marionetas
Sociedad de Halloween diario
de pánico y calabazas
Sociedad de hombres grises
Sociedad de tinieblas y pasadizos subterráneos
Sociedad de guantes perdidos
Sociedad de alquiler de orejas a ajenos
y cercanos
Sociedad de frío siberiano y calor desértico
Sociedad agazapada, sociedad madriguera
Sociedad caracol
Sociedad anciana
Sociedad sin lágrimas
de rezos y esperanzas fragmentadas
Sociedad de delirio y cordura descarriada
Sociedad matemática y cuadriculada
Sociedad de mestizaje voluntario y obligado
Sociedad sin sociedades
Sociedad de uvas y limones caídos
Sociedad de dardos y palabras
Sociedad de zapatos sin suela
y cordones con descargas eléctricas
...para no caminar demasiado lejos
Sociedad de noticias inventadas
Sociedad de raíces arrancadas
Sociedad lanzadera
Sociedad clonada
Sociedad acostumbrada
Sociedad, entre tú y yo:
como tú y yo.

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No es apología al dramatismo, me gusta lo que soy y lo que vivo. Es sólo un autobrainstorming en cuatro minutos y veinte segundos cronómetro en mano.

PD: Las aportaciones y continuación de esta perorata son bienvenidas. ¡Animaos!

viernes

Menos que el aire y más que su voz

Viene y va sin rumbo. Come y escupe sin sentido mientras sus plaquetas cada vez se sienten más inútiles ante tanto moho pegado a las paredes de su organismo. Quizás podría pasear un poco más o gatear un poco menos. Quizás debiera dejar de comer alcachofas o no echarse tanta pimienta en la leche. A su cuerpo no le está haciendo nada bien.
Lleva semanas con una voz áspera y seca que le está perforando la amígdala derecha. Le duele un poco, o un mucho, pero piensa que las pastillas del doctor Andrew le salvarán de esta estirpación natural y out quirófano. Yo no estoy segura... los poros de su garganta parecen más bien un colador.
Aún está a tiempo pero el tiempo comienza ¡ya!

Decisiones y voluntades propias y ajenas
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Foto: © Ana Himes - www.flickr.com/photos/anaperez

lunes

OFF

Ignorancia voluntaria...
...eso es lo que nos dará coletazos de felicidad
Hay veces que es mejor no saber
No saber para no pensar
No pensar para no malgastar
No malgastar para seguir teniendo.
Energía, ganas o neuronas, pero para seguir teniendo
No siempre el conocimiento da la felicidad
y no siempre es malo no saber
Saber que no sabemos, porque no queremos,
da mucha tranquilidad y nunca es demasiada
Hay muchos tontos felices
y sabios incapaces de serlo.
Como a la memoria selectiva,
el conocimiento: escogido.

Hoy no quiere saber, hoy no quiere pensar. Relax

miércoles

Testigo oculto

Yo no vi nada, lo juro
¿Está usted segura?
Sí, lo estoy
Pero sin embargo, sí que estuvo en la escena del incidente, ¿no es así?
Así es, efectivamente -respondí mucho más tranquila de lo que yo pensaba-.
Y entonces, ¿Puede explicarnos qué vio exactamente?
Por supuesto señoría, aunque ya le he dicho antes que no vi demasiado. Yo me dirigía a la panedería a por mi baguette pero justo cuando iba a entrar, vi a alguien que salió corriendo del establecimiento con una bolsa de basura azúl en la mano, pero opaca, así que no pude apreciar qué llevaba dentro. Cuando por fin entré, me encontré a Bárbara, la panadera, tendida en el suelo y en pleno ataque epiléptico.
¿Eso fue lo único que vio?
Sí, lo único porque luego ya llegaron la ambulancia y el coche patrulla.
¿Y podría decirnos, si es capaz de recordar, cómo era físicamente el individuo que salió de la panadería?
Pues no podría señoría, no podría... Mediano, eso sí, un metro setenta y pico calculo yo pero nada más.
¿Vio si tenía la piel oscura o si tenía alguna cicatriz llamativa?
¿Se refiere a si era negro? No, no lo era, y no percibí ninguna cicatriz en su cara.

-
Me dio y me hubiese dado igual jurar sobre la Biblia, sobre la Constitución o sobre la mismísima "Trilogía de Nueva York". Nada hubiese evitado mis mentiras, porque, efectivamente no sólo vi salir al chico sino que presencié desde la puerta la secuencia completa de los hechos. Vi cómo puso la navaja en el cuello de Bárbara, cómo la obligó bruscamente a abrir la caja. Vi cómo metía el dinero en la bolsa, vi cómo tras el último empujón que le propició a la pobre, Bárbara cayó redonda al suelo, al tiempo que empezó a mover sus extremidades y a expulsar borbotones de sólida saliva por la boca.
Pero también vi cómo el chico me miró al salir y, sorprendido por mi presencia, me dijo: "Lo siento". Vi su cicatriz en la barbilla, esa cicatriz que se hizo con el mueble del salón, vi sus ojos azules, como los de su padre, y su pelo recién cortado... Vi sus zapatillas Converse de cuadros y sus huesudas pero mimosas manos.
Lo vi, era mi hijo y ahora no puedo sino mentir
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Ilustración: © Ana Himes - Rescatada de mi cuaderno y mis dibujos.

domingo

Recuerdos invertidos

Entró de puntillas y casi conteniendo la respiración para evitar cualquier mínimo ruido. No estaba segura de que en aquella casa hubiese alguien a esa hora pero su madre siempre le había dicho eso de "más vale prevenir que lamentar" así que si hacía falta contener la respiración, Morgana la contendría.
Tras recorrer tres de las estancias, se paró en seco y tragó los dos centímetros cúbicos de saliva que tenía acumulados en su garganta. Al tiempo, una sonrisa giocondiana forzó el estiramiento de sus comisuras, las pupilas se dilataron y su hasta ahora pausada respiración se aceleró como un muñeco de cuerda.

Estaba en la habitación de una de las niñas. Cuando juntó con la vista las letras de madera que coronaban la cama supo que su nombre era Daniela. Morgana no era de mucho fisgar así que fue directa hacia su presa y cogió sin reparo el paquete de tizas de colores que había junto a la pizarra. ¡Estaba prácticamente entero!. Probablemente era uno de los últimos paquetes de tizas que quedaban en el planeta Tierra y ¡estaba lleno! Eso sí que era suerte y no encontrar un trébol de cuatro hojas...

Volteó la caja y dejó que asomasen las tizas por la ranurita: naranja, amarillo, celeste, morado... ¿y el verde? ¡Puf! Del verde sólo quedaba media tiza y precisamente era su color preferido desde que era niña. En fin...
Morgana, aún nerviosa, metió aquella caja dentro de su bolso y regresó sobre sus propios pasos.
Se había nublado el sol y el viento zarandeaba con delicadeza las hojas que aún sobrevivían en las lacónicas copas de los árboles.
Recorría las calles a un paso ligero pero con cierta cautela, y sobre todo, con cien ojos puestos en cada individuo que paseaba su cuerpo a menos de veinte metros, observando y prediciendo las intenciones y profesiones de cada alma anónima.
Morgana no dudaba en cambiarse de acera si intuía qe la figura que se aproximaba era un policía vestido de paisano.

Pero claro, tanta distracción ajena le hizo desorientarse hasta tal punto que cuando quiso darse cuenta no fue capaz de discernir dónde estaba exactamente. ¡Mierda! Se había perdido y no recordana ninguna referencia de dónde había aparcado su Renault 21 ¿Derecha? ¿Izquierda? Los inputs visuales no paraban de bombardearla y la pupila empezó a movérsele como si padeciese nistagmo. Estuvo a punto de caerse desplomada del mareo que le dio así que optó por meterse en un bar a tomar un Vichy Catalán; la entró a degüello y no tardó ni tres minutos en beberse su botellín.
Justo cuando se iba, el camarero le dijo: “Schhh, chiquilla, que no te he puesto la tapa” “Da igual, si ya me voy” “Que no hombre que no... cómo te vas a ir sin tomarte unos cacahuetes o unas patatas aunque sea?” “Que da igual, de verdad caballero, es que me tengo que ir” “Bueno, pues toma, anda, coge esta bolsa de cortezas y te la comes por el camino”. Morgana cogió las cortezas y antes de meterlas en su bolso, palpó el interior... sí, la caja de tizas seguía ahí, en el departamento mediano.
Necesitaba ir cuanto antes a casa, necesitaba encontrar su coche como fuera.

De repente, a modo de iluminación, Morgana recordó una imagen: la del letrero de la calle. Le había llamado la atención que el cartel estuviese duplicado y que uno de ellos fuese en color, recordaba que había una cara... un rostro de alguien que le era familiar... ¡Fofó! ¡Sí, era la calle del payaso Fofó!

Entró de nuevo al bar y le preguntó al camarero. “¡Uy, eso está lo menos a 8 minutos caminando, eh guapa...”. Le indicó la ruta y a los 5 minutos y 30 segundos, Morgana estaba apuntando con el mando a su Renault negro.
¡Puf, por fin! Como si de un bunker en pleno bombardeo se tratase, se metió en el coche e hizo uso del cierre centralizado. Volvió a conectar su gps y una vez que llegó a casa, sintió la oscura necesidad de quedarse en el garage. Se sentía cómoda, libiana y protegida entre esa tapicería gris con lunares teja. De acuerdo, sí, su marido estaba en casa probablemente esperándola pero Morgana había decidido que aquella noche la iba a pasar en el garage.

Una sucesión de recuerdos familiares y estudiantiles golpeaban con nostalgia su cabeza mientras las alas del águila de los recuerdos rozaban sutilmente su memoria a largo plazo; hasta que, entre fotograma y fotograma, se coló la imagen de las tizas de colores. Las rescató de su bolso y allí, en el coche, cómplice de sí misma y con Tom Waits de fondo, ingirió una a una y siguiendo los colores del arcoiris, cada vieja tiza.
Morgana, sumergida en el envenenado yeso que ahora recorría sus venas, siguió recordando momentos pasados y escenas rosadas, hasta que fueron los propios recuerdos quienes se vieron obligados a recordarla a ella.

-RIP-


Foto: © Ana Himes - www.flickr.com/photos/anaperez

miércoles

Entrevista a Mark Jenkins - Neo 2

En esta ocasión me apetece enseñaros cómo ha quedado la colaboración que he hecho para la una revista y que ya está en la calle (número de Octubre).

Haciendo click en este enlace podéis ver la intro para la web de Neo y más fotitos del artista y además, of course, podéis opinar sobre el trabajo del norteamericano Mark Jenkins. Y si quereis leer la entrevista completa a este encantador transgresor y motivador de reacciones de todo tipo, está fácil: id a los kioskos, gente!!

No sé qué pasa que los artistas a los que entrevisto o fotografío últimamente son de la flamante escena neoyorkina... ¿Será que tengo que ir? ;-)

C u soon!

viernes

El Chabacanismo Ilustrado

¿Qué pasa tío, te vienes o no, coño? Es que no sé... Puf ahora dice que no sabe, será desgraciado... pues mira, te vienes y punto, que total sólo va a ser una noche; vamos, lo pruebas y ya está. Si otro día te gusta pues ya irás por tú cuenta pero hoy te vienes con nosotros. ¿Se tarda mucho? ¿Y cuánto es mucho para ti, pollito? Además, sea el tiempo que sea un buen polvo es un premio que hace que merezca la pena y punto. ¿Y si voy allí y después no...? ¿Y después te rajas y no quieres entrar? Sí, eso. Pues te quedas en la calle jodido de frío, así que tú mismo. De un tiempo a esta parte tengo la impresión de que sólo se hacen respetar los barriobajeros y los de la lengua sin lavar con lejía. Tengo la sensación de que aquellos principios éticos y comportamentales que pretendieron inculcarnos se han quedado rancios; es como si ya no entrasen o no cupiesen en la cada vez más desalmada comuna.
Me lacera lo justo como para sentirme ofendida ante algunos comportamientos primitivos pero no lo suficiente como para anhelar o pretender un cambio a corto plazo.

"Oye perdona si te ha molestado o te has sentido ofendido"
"Oye tío, no me jodas, a ver si ahora te vas a chinar por eso"

¿Y entre medias? Pues entre medias quizás una simple generación de exceso de todo y ausencia de fuerzas para nada. Actitudes indoloras. A veces creo que no hay excusas ni justificaciones sino razones hundidas, en distintos grados, en este mar de alzamientos de egos constantes.
Orgullo de pertenecia no, orgullo de ausencia. Orgullo de sí mismo. Yo mí me conmigo.
Creo que se está perdiendo la convergencia en pro de la conducta tangencial, pequeños puntos de toque o contacto sin mayor implicación, sin mayor convivencia que el simple roce.Vidas individuales sin intención de sinergia con ninguna otra, o, en tal caso, con muy pocas.

¿Recordáis los esloganes de dos conocidas marcas de cuidado o cosméticos: Hago lo que quiero con mi pelo y Porque yo lo valgo. Pues algo de eso... Hago lo que quiero porque yo lo valgo. Y si para hacer eso que quiero algún malnacido se pone en mi camino, lo echo y fuera!

Demasiados niños tocados (en todos los sentidos) en manos de los más fuertes de la clase. El débil, el tímido, el actor secundario e incluso el romántico parece que no sólo están démodé; el débil, el tímido, el actor secundario y el romántico son carne de venganza y desahogo adrenalítico de los que imponen la ley del más fuerte. Y cuantas más vulgaridades y gestos de grandeza tengan, mejor.

Al final va a resultar que el Cuento de la Caperucita Roja es de lo más generacional´00. ¿Cuántas abuelitas más habrá en bocas y tripas de lobos groseros sedientos de egocentrismo y complejo de epicentro?

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Foto: © Ana Himes - www.flickr.com/photos/anaperez
Autor de la ilustración: © Igno Tiger Qee - http://www.ignorancia.com/

jueves

Espacio Tiempo Todo Nada

Salgo de la hoguera llena de estrellas fugaces
que me susurran deseos alcanzables
y anhelos color salmón
Camino a casa un erizo se empeña en acompañarme
y me obliga a andar muy despacio,
tanto que mi tiempo está a punto de detenerse
Puedo ver cómo el panadero saca la fruta de su furgoneta,
cómo el carnicero, aún despistado,
se deja caer un cubo con cemento,
cómo el cura barre las arrinconadas hojas secas
Mi pause temporal decide decir adios a la abscisa espacio
y mi yo se evapora del presente
Todo y nada convergen en la acera,
a escasos tres metros del kiosko
repleto de vacuas noticias y fotomontajes
Todo y nada que huele a óxido marino
que provocan la caída de gotas de lluvia ácida
Aún tengo chispas de la hoguera entre mis yemas
todavía puedo crepitar

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Foto: © Ana Himes - www.flickr.com/photos/anaperez


viernes

El tenedor de la discordia

- ¿Pero tío, por qué llevas casi cinco días enfadado y amargado por eso?
- Pues porque "eso" no es ninguna tontería. Quizás a ti no te importe o quizás yo le esté dando demasiada importancia pero a día de hoy, me preocupa el hecho de que nos eliminen el tenedor de la cubertería. Hala, así sin más ya no podremos enterrar el tenedor en nuestros platos cocinados. Pero si es que, además de que es funcional 100%, ¿no me digas que no queda bonito ahí junto al plato, de manera simétrica al cuchillo?
- Pues sí, sí queda mono pero eso de que la prohibición ha sido así sin más, no es cierto. Han censurado el tenedor por su paralelismo representativo con el tridente de Lucifer, porque, como sabes (aunque ahora pretendas hacerte pasar por el "no enterado"), parte de esa simbología diabólica y de su mala energía aún perdura en el tenedor como cubierto. ¿Por qué te crees si no que los niños ahora salen mucho más revoltosos y perversos? pues porque comen mucho menos potaje y utilizan más el tenedor que la cuchara. La cuchara es mucho más noble, ¡dónde va a parar!
- Que no, que ni con esas estoy de acuerdo con la supresión. ¿Qué menos que hacer antes un referéndum o unas votaciones nacionales? No, mejor imponer y nosotros a mandar, si es que...
- Qué drástico que eres madre mía... El Gobierno lo ha hecho, además de por lo que te acabo de explicar, porque así se gastará mucha menos agua al fregar, en concreto un tercio menos. ¿Eso también es una chorrada?
- Pues sí, o más que chorrada, es una justificación a posteriori. Coño, pues entonces que obliguen a los tíos a utilizar slips en vez de boxers y a las chicas a usar tangas en vez de bragas, que en la lavadora caben muchos más y por lo tanto también se gastaría menos agua...
- Puf, esta discusión no lleva a ningún lado. A partir del próximo mes comerás con cuchara y con cuchillo ¡y punto!

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Foto y creación: © Ana Himes - www.flickr.com/photos/anaperez

jueves

No cambien de canal, enseguida volvemos

Del lat. vacatĭo, -ōnis.
1. f. Descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios.
2. f. Tiempo que dura la cesación del trabajo.

Holidays
Vacances
Férias
Ferien
Helligdagsliste
Праздники

Mañana comienza mi asueto dilatado
Nos vemos en un par de semanas...
Sed buenos y disfrutad de las pequeñas cosas!
...ainarcU ne arutneva im lat èuq otneuc so atleuv al A

lunes

Día internacional de la golondrina

Cuando ya no queden golondrinas, lloraremos apenados por el negro cantar de dos alas infatigables. Inconscientemente silvaremos cada mañana, intentando contaminar el aire con sonidos jaraneros.
¿Por qué sin embargo las palomas no pían? es como si rumiasen con su propia respiración, emitiendo esos sonidos guturales tan genuinos, pero nada, ni un pío-pío. Las palomas (tan odiadas como queridas) se parecen más a nosotros de lo que pensamos, a esta raza homíneda y bípeda con igual capacidad de evolución que de destrucción. Las palomas mensajeras, de la paz u ocupas de tejados y baldosas, ven igual que nosotros sólo que además pueden ver ¡en ultravioleta!

Me gustaría incrustar un pequeño caleidoscopio en sus pupilas, de esos con figuras geométricas y estrellas de colores intensos y contemplar qué hacen mientras vuelan y qué no hacen mientras pasean con garbo por las plazas mayores.
Me apasiona observar estas cosas. Es como cuando metía peta zeta en la boca a mi gata. Un poco sólo, lo juro... (espero que mi hermana no se enfade cuando lea esto). No sé, quizás mi vocación hubiese sido la investigación pero eso nunca lo sabré...

De momento me quedo con mis fantasías y ese repicar de las golondrinas. No quiero acercarme a un árbol buscando la sombra y sentir cómo un pájaro muerto (de frío, de calor o de pena) cae sobre mi hombro. No quiero...

A partir de hoy declaro el 5 de Agosto como día Internacional de la Golondrina.

miércoles

La vida también se bebe

Las sábanas plegadas y amontonadas a los pies de la cama hacían pensar que había tenido una noche con no poca actividad.
Sus ojos, aún legañosos y apáticos, se adhirieron en la distancia al cristal de la ventana mientras se desperezaba en la cama. La persiana a media altura le permitía contemplar la escena: había comenzado a llover y las gotas de agua iban poco a poco acumulándose en el cristal, adosándose entre ellas, hermanándose y conformando grupos heterogéneos que le recordaban a los vídeos de formación de plaquetas que veía en casa de su tía. Diminutas gotas en busca de sus parientes que corren para unirse a otra colectividad.

Recordó el día que se le rompió el termómetro de pequeño. ¡Qué escena tan mágica! Decenas y decenas de gotas de mercurio nadando sobre los azulejos de la cocina. Él hubiese querido que esas gotas color acero hubieran permanecido allí para siempre, pero su madre pronto vino con dos cartones y un "Hala, venga, muévete que te dé el aire".

Unos cuantos años más tarde aquel espectáculo de gotas de agua huyendo despavoridas, o bien ansiosas por hacer una piña con sus compañeras, le produjo la misma sensación de calma y tranquilidad que le hacía sentir tan bien. Era como si el tiempo se detuviera y el segundero sólo avanzase con cada sutil movimiento de gota. Deseó con todas sus fuerzas congelar ese momento. Sacó la cámara y fotografió aquellos cristales aguados y cada vez más opacos.

No era suficiente, necesitaba algo más físico, más material, que le hiciese revivir la escena con algún otro sentido no tan manío.
Como si le hubiesen clavado un alfiler en el culo, movió su trasero y fue corriendo a la cocina para coger aquella taza azul marino que a pesar de estar remendada con superglú tras numerosas caídas, seguía teniendo tanto cariño... Abrió la ventana de su cuarto y la colocó sobre la repisa. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete. Sólo siete segundos y 25 centilitros de vida llenaron la taza. Todavía con la tormenta de fondo como banda sonora, se vistió con la misma ropa del día anterior y bajó a la farmacia. "Un cuentagotas". "3 euros con 45". Subió de nuevo a casa y colocó el cuentagotas en la taza azul marino. Desde aquel 8 de Noviembre cada día, justo antes de dormirse, bebía una gota y dejaba que se disolviese en la boca durante sus intensos sueños. La vida le sabía bien.
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viernes

El último cigarro

Sin sentido y con cordura decidió comerse la patata cruda y escupir poco a poco el almidón

Sin prejuicios y con paciencia preparó la bañera con agua tibia, pulpa de pomelo y almidón amarillento

Sin nadie, pero acompañado del patito de goma tarareó la nana de la cigüeña rebozado en espuma con olor a aloe vera

Cuando salió del baño, y aún desnudo, se fumó un ducados frente a la ventana, disfrutando y gozando con cada lenta calada

Había decidido dejar ese vicio de una vez por todas.
"El último cigarro" -se dijo- al tiempo que apagaba la colilla en uno de sus pezones. El último.
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martes

Mascotas y otras humanizaciones

Le importaba un carajo lo que dijesen. Tenía demasiados años a la espalda como para no haber aprendido a obviar cualquier comentario ajeno con ánimos dolientes. Al que no le guste que no mire, repetía una y otra vez.
Lo cierto es que cuando salía a pasear a Boolan muy pocas personas se atrevían a atravesar la barrera de la sorpresa 1º y del miedo después; cuando le preguntaban que si mordía, Lisbon decía eso de "Pues hombre, todo depende de lo mucho o poco que le toques la moral. Como a ti o como a mí, vamos".
Había quienes, aún así, decidían aventurarse e intentar hacerse amigo del animal. En el fondo, Boolan era un mimoso de cuidado y disfrutaba restregandose ante cualquier mano tendida que rozase su áspero lomo.
Su caracter, inadvertido a simple vista y casi contrario a su adn, había sido modificado, como ocurre en tantos y tantos casos, por los estímulos y la educación ambiental.

El caso de Boolan era aún más exagerado y su sociabilidad había alcanzado los límites del manierismo amoroso. Era incapaz de dormirse sin recibir un "buenas noches" de su amo, al igual que renegaba de masticar trozos de carne más grandes de cinco centímetros. "Pero venga Boo, con esa mandíbula estupenda que tienes podrías comerte una vaca entera y me rechazas este cachito?"

Nadie lo sabía, ni siquiera el propio Lisbon, pero a las 00:00 de cada jueves, Boolan quedaba en el lago con Ketty, un cisne gris perla mucho más joven que él. Les daba vergüenza decir que eran novios pero lo cierto es que las caricias que se regalaban y las muchas horas que pasaban en silencio eran obvios indicios del idilio entre ambos.
Les encantaba ponerse junto al nogal central, rodeados de fotosíntesis y tupidas copas que les hacía creer estar en una cabaña.

Aún les quedaban muchos amaneceres por contemplar. No había prisa de nada.

Al otro lado de la pradera, Lisbon se esforzaba en aullentar las moscas que se posaban, una y otra vez, en su engangrenada pierna. Al que no le guste que no mire.

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Ilustración: © Ana Himes - Acuarela rescatada de mi cuaderno y mis dibujos. Año 2000

Alquitranes y corbatas (el desenlace)

Cuando Diego llegó nuevamente a su cuarto sintió cómo un sudor húmedo le recorría todo el cuerpo. Esa voz... esa voz era intrínsecamente parte de él. Era como si los ecos de su propio nombre reverberasen en su caja torácica pronunciado por la misma voz femenina que se había manifestado vergonzosamente al teléfono.

Aquella noche Diego soñó con jirafas y caracoles, con praderas enlatadas en un mar de cristal.
Aún era temprano cuando alguien llamó al telefonillo. "¿Si, quién es?" "Correos, traigo un paquete, ¿es usted Diego Urrutia de la Nuez?" "Sí, le abro".
Nervioso como si hubiese sufrido una regresión a cualquier 6 de Enero infantil, abrió el paquete en el mismo pasillo.
¿Una máquina de afeitar?
No había remitente ni datos que hiciesen sospechar quién era el generoso individuo. Extrajo la máquina del embalaje y cuando estaba a punto de tirar el cartón restante se percató de que había un papel pre-relleno que decía: "Warranty. Enhorabuena por haber adquirido este producto.
Garantía de calidad: 2 años
Garantía de usabilidad: 18 meses
Garantía de desarrollo narcisista: 9 meses"

"Garantía de qué?" -escupió Diego en voz alta-. "Desarrollo narcisista" -leyó de nuevo-.
Al final de todo, justo en el borde inferior y casi a sangre, ponía: .rojem ohcum sàratse, olep le etatròC
Hubo de colocar el papel en el espejo para descodificar el texto y allí, frente a frente consigo mismo leyó: Córtate el pelo, estarás mucho mejor.

Ummm… Bueno, vale, de acuerdo... ¿por qué no? Dicho y hecho: la cabeza de Diego se deshizo de queratina y raíces y puntas mal cuidadas. Raro, sí, pero sólo de momento. Lo que estaba era guapo. "Joder, si lo llego a saber, me hubiese rapado hace años, me da un toque..."
Sintió la necesidad de meterse nuevamente en la ducha y utilizar ese utensilio de madera con forma de brazo pinochiano que aún no había estrenado.

"¡Habrá que salir a la calle! Habrá que salir y experimentar qué se siente con el roce del viento en los cuatro puntos cardinales de la desnuda cabeza".

Salió de casa y bajó por las escaleras dando pequeños brincos en el último escalón de cada planta. Cuando llegó al rellano una chica, vestida con tonos marfil y blanco roto, le miró fijamente. En aquella mirada había cierto aire de nostalgia y emoción contenida. Tras esos temblorosos labios se escondían unas ganas infinitas de decir algo.
"¿Diego?". "Sí, soy yo...". La chica se acercó unos metros. Los justos para descifrar su figura en los ojos de Diego al tiempo que sentía cómo su corazón luchaba por no salírsele del pecho. "Soy Carmina, tu hija". Le miró fijamente en busca de una respuesta, pero Diego sólo acertó a destilar una densa lágrima de sus ojos verde oliva...

Alquitranes y corbatas

Detrás de aquel traje con botones dorados y solapas anchas no había más que polillas. Se empeñaba en mantener su cuerpo erguido, como si se hubiera tragado la espada del mismísimo Cid Campeador, pero en la soledad de su cuarto y de su espacio el cuerpo iba doblándosele cual oruga.

Hacía dos días que había cumplido los cuarenta y siete y se autoengañaba pensando, o más bien diciendo, que ese número primo le sentaba estupendamente, pero sabía que no era cierto.
Su cuerpo envejecía demasiado deprisa y hacía mucho que no necesitaba utilizar secador.
Se sentó en la cama, aún deshecha, y mientras se quitaba los impolutos zapatos pensaba: ¿Y si me hubiese casado con Carlota, cómo sería ahora mi vida? ¿Y si me opero y me hago una liposucción de tripa y un implante de pelo? ¿Y si me voy a Nueva Zelanda y doy un giro radical a mi vida? ¿Y si me compro un perro?, siempre quise tener uno... ¿Y si robo un banco? El sonido del teléfono interrumpió repentinamente sus elucubraciones.

Era la segunda vez en esa semana que aquella mujer llamaba. "¿Diego?" "Sí, soy yo, ¿quién eres?" "¿Eres Diego entonces?. Eh, eh...." Volvió a pasar lo mismo. Tras unos instantes de oxígeno contenido la chica colgó el teléfono.

(continuará...)

Ilustración: © Carolina Sous - www.flickr.com/photos/carosouss

Oda a la improvisación (Part II)

Ya estoy aquí de nuevo... Os dejo la segunda y (de momento) última parte de esos pensamientos momentáneos que alargan su existencia con la ayuda de boli y papel... Muchas gracias por todos los comments anteriores.

- Mi pequeño maestro se ha dormido. Me duele. Ya no quiero aprender

- ¿Crees ser feliz? ¡Perfecto! Es el mejor modo para serlo

- No te escondas, sé dónde encontrarte / ¿Ah, sí, dónde? / En la silla, sentado

- Ante las desgastadas y rotas ruedas de un viaje imaginario, le dije: ¿Me ayudas a abrir el mar?

- Si fuésemos capaces de habitar en un relámpago hallaríamos la esencia de lo eterno

- Tu pasado ya no es ni siquiera eso. Sólo son recuerdos. Aprende de ellos y olvídalos

- A veces sucede que mirando el sol, anochece. Mis luces se ocultan y mi propio recuerdo palidece

- ¿Quieres reencarnarte? / Sí, en ti. Eres increíble

- A tragos. Cómete la vida a tragos / ¿Y si nos la bebemos? / Pues mejor, pero… ¡de un sorbno! / ¿No nos ahogaremos? / Nuestra sangre nos resucitará. Bebe y no digas nada más

- El erizo trepó por las sábanas y se metió en el pijama de Todd. Su dermis se llenó de alfileres y el grito dejó sin olfato a la comunidad

- Cas cas cassss pita!

- Volaba la cigüeña en busca de su palo. Pena que fuese un árbol entero… Llamó al gusano, su amigo del alma, y extrajeron la verde corteza

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Foto: © Ana Himes - www.flickr.com/photos/anaperez

Oda a la improvisación (Part I)

Siempre llevo una o dos libretas en mi bolso, que por momentos parece más bien una maleta de viaje... El otro día encontré una de esas libretas repleta de apuntes improvisados, de frases espontáneas que pasan por mis dedos pero no por mi cerebro, de referencias musicales que escucho en la radio o que leo en algún magazine, de dibujos abstractos y garabatos con y sin sentido. Pues bien, he decidido recopilar parte de esos pensamientos transformados en frases y compartirlos con vosotros.

- He dicho que te calles / Y yo he dicho que no digas

- Date en el alma y aprenderás

- Antes de hombre fui sueño. Dejadme descansar

- Cleo era feliz, siempre lo fue

- No me interesa dejar de ser. No quiero tu ayuda que me absorbe. Ya no te quiero

- Pasaron los días, pasaron los meses. Ya lo sabía, nunca volvió

- Intentó de nuevo atravesar el muro pero su tronco se quedó adherido a los ladrillos. Nunca más pudo separarse. Su corazón sigue latiendo junto al bordillo

- No digas que no sabes, di que no quieres pensar

- Yo haré del hombre que no existe una mujer mil veces más bella que él

- No llores más Luna, ya te queda menos / Pero yo no quiero / Lo sé. La gente no te valora ni justiprecia. Si no quieres no salgas, aunque quizás algunos mueran por no ver tu luz / Mas mi luz ya ha muerto

- La hormiga dejó de pensar. Contó hasta doce y en apóstol se transformó

- El júbilo viene y deviene con la jubilación

- ¡¡Imbécil!! ¿Cuántas veces más has de equivocarte?

- Exprime tu vista hasta que un líquido naranja asome por tus ojos

- Todo, absolutamente todo, es digno de interpretarse como bello

- Come y calla
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Foto: © Ana Himes - www.flickr.com/photos/anaperez

Reencuentros jugando al escondite inglés

Era día de ir a comer a casa de la tía Montse así que tocaba ponerse sí o sí la bendita ropa de los domingos. Anda que... y que siga llamándose ropa de los domingos...
Pues no, no le apetecía plantarse esos pantalones con la raya del planchado haciendo las veces de mediana en cada pernera. Estaba cansado de esa columna dorsal en forma de pliegue.
- Mamá, ¿dónde está mi pantalón vaquero gris oscuro?
- ¿Para qué?
- ¿Cómo que para qué? ¡Que dónde!
Rebeca se levantó del sofá y fue a la habitación de Diego.
- ¿Qué quieres? a ver...
- El pantalón gris. ¿Dónde lo has puesto?
- Ay Diego leches, no digas chorradas, ¿cómo que dónde lo he puesto? pero si hace siglos que no te lo veo
- Pues por eso precisamente, me apetece ponérmelo hoy, ¿qué pasa?
- Mira a ver en el canapé. Debe estar en alguna de las cajas
Diego buscó y rebuscó debajo del colchón, sacando sin piedad cuanta ropa veía. Sin piedad y sin criterio
- ¡Mamá, yo aquí no veo nada! -gritaba mientras iba poco a poco haciendo sin darse cuenta una segunda alfombra con los nikis, jerseys y pantalones que sus dedos atrapaban.
- ¿Seguro que están aquí, maja?
- Pero qué pasa, ¿que al final voy a tener que ir yo o qué?
Los zapatos de Rebeca sonaron firmes y sólidos por el pasillo.
- ¿Qué pasa, que no lo encuentras, no?
- ¡Es que no está!
Rebeca miró en un par de sitios y a la tercera, sin que hubiese pasado un minito, extrajo el pantalón gris
- Toma, ya lo tienes. No está, no está...
- Vale, gracias
-Tschhhh, ni se te ocurra marcharte sin recoger esa maraña de ropa, que nos conocemos.
Diego se fue a su cuarto, se puso la camisa negra de manga corta y se probó los míticos vaqueros. Aún con cierta incredibilidad comprobó qe le valían perfectamente, incluso le quedaban algo mejor ahora que había engordado un poco y se le marcaba más el culito.
Se miró nuevamente al espejo. Rotación a la derecha, rotación a la izquierda... Metió sus manos en los bolsillos traseros y... ¡Bualá! ¡Sorpresa! Un billete de 5.000 pesetas. 5.000 pesetas. Apenas recordaba ese color marron y verdoso y la cara de Cristobal Colón plantada en el medio
- ¡¡Mamá, cinco mil pesetas!! ¡He encontrado un billete de cinco mil pesetas!
- Mira qué bien, una pequeña aportación a esos 300.000 millones de pesetas que todavía guardamos los españoles en cajones y bolsillos. Manda narices, ni que nos sobrase el dinero, 300.000 millones, ¡se dice pronto!

miércoles

Cada vez que tus palabras se crucen con mis colmillos
cada vez que tus nudillos se unan a mi entrecortada respiración
cada vez que el chicle se quede sin sabor
pensaré que el dado tiene siete caras

Si entre página y página de esta tragicomedia
transformada en días pares e impares
encuentrras un "volver al capítulo 3",
no preguntes porqués ni esperes pareceres,
hazlo y ya está

Si la cuchara se desploma mientras comes sopa de letras,
no recojas la cuchara
e intenta reanimar a las vocales y consonantes
que ahora se quedaron sin patas

Si se te olvidó sacar la horquilla de la lavadora y
las sábanas se tiñeron de óxido,
puede ser una buena ocasión para preparar una jornada campestre

-Pañales de bronce y ventrículos inmunes-

 
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